Un notario o escribano es el individuo, generalmente un jurista, autorizado conforme a las leyes para dar fe de los contratos y demás actos extrajudiciales de naturaleza civil y mercantil, así como para asesorar a las personas que a él acuden, redactar escrituras y actas, elaborar testamentos y custodiar los protocolos de la notaría. Está obligado, por ley y por ética profesional, a mantener la neutralidad en sus actos, lo cual lo distingue de los abogados postulantes, quienes deben tomar parte y estar del lado de sus clientes o representados.
Un notario puede o no ser funcionario público, lo cual depende del sistema jurídico de cada país, pero se considera que la función misma del notariado siempre es pública, aunque quien la ejerza sea un profesional independiente. Por ello, las denominaciones “notario” y “notario público” son mutuamente equivalentes.
Por añadidura, no existe tal cosa como un “notario privado”.
Mas de 60 países, entre ellos algunos tan desarrollados y de gran tradición jurídica como Francia, España, Suiza, Alemania, Japón y Canadá (Quebec), aplican el sistema notarial. Los escritos que autoriza un Notario tienen validez legal que el Estado reconoce, y la garatía de que es un documento elaborado conforme a Derecho.
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